La contaminación que cruza el Atlántico

Muestreadores de deposición atmosférica

Muestreadores de deposición atmosféricaCSIC

La contaminación no tiene fronteras. Hasta tal punto, que algunas sustancias tóxicas producidas en Norteamérica cruzan el Atlántico y llegan hasta Europa. Lo acaba de demostrar un equipo de científicos españoles, que ha hallado restos de compuestos químicos utilizados para la fabricación de muebles y aparatos electrónicos en los Pirineos catalanes. «Es la primera vez que se describe la transferencia neta de algún contaminante de Norteamérica a Europa. No es raro que suceda, pero las emisiones tienen que ser muy fuertes para que no se diluyan», explica a EL MUNDO Joan Grimalt, principal investigador del estudio del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC.

Las sustancias, que contienen los denominados polibromodifenil éteres (PBDE), se recogieron durante los años 2004 y 2005, cerca de los lagos Redon (Prineos catalanes), Lochnagar( Escocia), Gossenköllesee (Alpes suizos) y Skalnate (Eslovaquia)
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Francia contaminada

Gran parte de Francia lleva varios días sumida en una nube de contaminación por partículas. Treinta departamentos están hoy en alerta máxima. En París será gratuito el transporte público en los próximos días para intentar disminuir el tráfico.

Los motores diesel, al que tan aficionados son los franceses para evitarse un poquito de dinero y de emisiones de CO2, son los principales responsables, junto a las calefacciones y chimeneas de madera, que en la capital van a ser prohibidas.

Como no ocurre en China, sino en un  país nuclearizado y leader de la demonización del CO2 y del carbón, esto apenas es noticia.

Le Monde

¿ A dónde va el CO2 ?

Ciclo anual del CO2 en miles de millones de toneladas

En el  2012 las emisiones humanas de CO2 alcanzarán las 36 Gt (gigatonelada : mil millones de toneladas) (en la figura : arriba a la izquierda). Sin embargo menos de la mitad de estas 36 Gt  (unas 18 Gt) se quedará en la atmósfera, ya que más de la otra mitad será captada por el mar y por la biomasa continental (vegetación y suelos), lo que hará aumentar el carbono orgánico, vivo, del planeta.

Ocurre que anualmente hay un intercambio de unas 400 Gt de CO2 entre el aire y la biomasa continental (vegetación y suelos), con los efectos opuestos de la fotosíntesis (absorción de CO2) y de la respiración de las plantas y de los suelos (emisión de CO2). También otras 400 Gt se intercambian entre el mar y el aire (en unas zonas el océano absorbe CO2, como al norte del Atlántico, y en otras, lo emite, como en el Pacífico Ecuatorial Oriental).

Este intercambio natural de unas 800 Gt de CO2 al año entre el aire por una parte y el mar y los continentes, por otra, no es siempre el mismo, sino que varía de un año a otro según las condiciones climáticas. Debido a las emisiones de combustibles fósiles por parte de la humanidad existe un cierto desequilibrio en el intercambio natural. El CO2 proveniente de los combustibles fósiles, hace aumentar la cantidad de CO2 que hay en la atmósfera pero también la cantidad de carbono orgánico del mar y de la biomasa (a pesar de la deforestación tropical).

En la primera figura de abajo muestro las emisiones de CO2 y su destino repartido entre la atmósfera (en azul) y el mar y los continentes (en verde). En la segunda figura de abajo muestro que, en contra de lo que se suele publicar, el poder de captación de CO2 por parte de la vegetación terrestre y del mar no tiende a disminuir.

Emisiones de CO2 provenientes de combustibles fósiles y deforestación tropical y reparto de su destino
Asimilación anual de CO2 por parte del mar y la vegetación continental en miles de millones de toneladas

CO2 per cápita

 

Emisiones de CO2 per cápita al año

Tanto en Estados Unidos como en Europa las emisiones de CO2 per cápita son hoy menores que hace veinte años y continúan disminuyendo. En Rusia se recuperan tras los cierres de la industria pesada que ocurrieron en los primeros años del postcomunismo y en China siguen aumentando desde hace una década e igualan ya a las de Europa, pero incluso allí no crecerán indefinidamente.

Igual que el consumo de energía y de alimentos aumenta cuando un país emerge del subdesarrollo, pero tiende a estabilizarse posteriormente y a disminuir cuando los avances tecnológicos y agrícolas permiten fabricar y cosechar más con menos, así ocurrirá con las emisiones de CO2, que probablemente comiencen a disminuir globalmente durante las décadas del 2020 o del 2030. La estabilización de la población mundial en torno a unos 10.000 millones de personas contribuirá a ello.

Por eso las predicciones de aumento de emisiones hechas por el IPCC y publicadas en sus informes, que suponen un aumento exponencial de las emisiones durante todo el siglo XXI, son probablemente erróneas. La ideología del cambio climático apocalíptico y antropogénico morirá de inanición, o de aburrimiento. Ya está muriendo.