‘Las vacunas han salvado 1.500 millones de vidas’

  • ‘No vacunar es un crimen’, señala el ‘padre’ del descubrimiento de la inmunidad innata

El galardonado con el Nobel de Medicina en 2011, Jules Hoffman,...

El galardonado con el Nobel de Medicina en 2011, Jules Hoffman, durante su visita a Valencia.

Los insectos tienen la respuesta. En ellos está la clave de nuestra capacidad como seres humanos de hacer frente a las enfermedades. Lo dice todo un premio Nobel de Medicina que lleva décadas estudiándolos, diseccionando su sistema defensivo que tan resistentes los hace frente a las infecciones. Premiado en 2011 por descubrir cómo funciona la inmunidad innata, Jules Hoffmann asegura que su estudio ayudará a mejorar las vacunas. Y advierte: “No vacunar es un crimen”.

Porque “las vacunas han salvado 1.500 millones de vidas de seres humanos”. “Es el mayor logro de la medicina”, sentencia en una entrevista con EL MUNDO. De visita en Valencia con motivo de su participación como jurado en los premios Rey Jaime I, Hoffmann critica los argumentos del movimiento antivacunas: “Muy raramente puede haber un accidente, pero se debe a la genética de la persona vacunada más que a la propia vacuna”.

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No hay que olvidar, insiste Hoffmann, en que la clave del aumento de la esperanza de vida en el último siglo y medio está precisamente en la lucha contra las infecciones, donde las vacunas han tenido mucho que ver. “Las infecciones son la principal causa de muerte en el ser humano y combatirlas aumentó la esperanza de vida”. Sólo un dato: desde el inicio de los tiempos hasta comienzos del siglo XIX, la mitad de la población moría al entrar en la veintena. ¿Qué cambió a partir de entonces? “La higiene, los antibióticos y la vacunación”.

La cuestión es qué tienen que decir aquí los insectos. Responde quien se refiere a sí mismo como “médico de las moscas, no de las personas”. “Representan hoy el 80% de las especies en la Tierra, destruyen cada año un tercio de los cultivos y ponen a un tercio de los humanos en riesgo transmitiéndoles enfermedades como la malaria, el dengue…”. Pero, sobre todo, es su resistencia a las infecciones lo que los convertía en todo un interrogante para un joven Hoffmann.

Eso sí, fue la curiosidad por los insectos lo que le acercó a ellos (su padre era zoólogo), y no la confianza en que su investigación pudiese tener alguna trascendencia para la medicina. “Empecé a estudiarlos por curiosidad, sin pensar que podrían tener aplicaciones médicas“. El tiempo le ha quitado en ese sentido la razón, admite hoy el científico franco-luxemburgués, que hizo su tesis en la Universidad de Estrasburgo sobre los saltamontes. Sí, el médico de las moscas -ha experimentado con la mosca drosophila- empezó por los saltamontes.

Sus hallazgos en el campo de la inmunidad innata han sido decisivos. Es el primer tipo de inmunidad que tenemos las personas. “Esta primera barrera, antes poco investigada, está en la piel, los pulmones, el tubo digestivo… donde el organismo está en contacto con las bacterias”. Hay un segundo tipo de inmunidad, la adaptativa, que tienen únicamente los vertebrados, es decir, el 5% de las especies del planeta. Dicho de otra forma, el 95% restante -y aquí se incluyen los insectos- no tiene esta segunda barrera de defensa que se distingue por tener “memoria”. Y esto “permite que sea usada para crear vacunas”.

Lo que ha ocurrido a partir de la década de los 80 es un “cambio de paradigma”, pasándose a asumir por la comunidad científica la importancia para la defensa frente a las infecciones de esa primera inmunidad innata. De hecho, quien compartió Nobel con él, Ralph Steinman, descubrió que es justamente la inmunidad innata “que media en la primera línea de defensa la que envía una señal que activa la adaptativa en los humanos”.

¿Qué hallazgos pueden venir en un futuro del estudio de la inmunidad innata? “Cuando vacunas a alguien, la primera respuesta es percibida por la inmunidad innata. Para fabricar mejores vacunas se trabaja ahora con las células del sistema inmunológico innato, de forma que se estimule así más intensamente el sistema adaptativo”, dice Hoffmann. “En los últimos 20 años se ha comprendido que mejorar la inmunidad innata servirá para mejorar las vacunas”, augura el científico.

Dado que ya hay evidencias de que algunos virus -el del papiloma, por ejemplo- pueden provocar cáncer y ser por tanto prevenidos con una vacuna, ¿llegará el día en que no se muera de cáncer? “Ha habido grandes progresos. Hablamos de hace 100 años, que no es nada en términos de la historia de la humanidad, así que puede haber mucha reducción de algún tipo de cáncer”.

En todo caso, sobre si la inmunoterapia puede ser la esperanza real en el tratamiento contra el cáncer, Hoffmann duda. “No puedo decir que sea la solución porque su papel no se ha aclarado“. ¿Y el mayor misterio médico que queda a día de hoy por resolver? El cerebro. “El sistema nervioso central será una de las mayores fronteras para entender las emociones”.