Hacen desaparecer la pausa del cambio climático manipulando los datos de temperatura

Un estudio publicado en Science asegura que la pausa en el calentamiento global de los últimos dieciocho años es en realidad “una ilusión”.


Una de las boyas empleadas para medir la temperatura de los océanos. | Jamie Moncrief/UNCW

Thomas R. Karl, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), ha dirigido un nuevo estudio publicado en Science en el que niega que el incremento de temperatura se haya ralentizado o incluso parado en los últimos años, como mostraban todos los registros de temperaturas. Hasta ahora los esfuerzos de los científicos alarmistas se han centrado en buscar decenas de excusas para justificar este hecho. Ahora parecen haber pasado a la ofensiva, declarando que los datos de temperatura estaban equivocados y que en realidad la temperatura ha seguido creciendo todo este tiempo.

Aunque pueda resultar sorprendente, dada la seguridad con la que los climatólogos dicen saber qué temperaturas tendremos dentro de cien años, calcular la temperatura global de la Tierra es mucho más complicado de lo que parece. Las estaciones meteorológicas no son de fiar a lo largo de periodos de tiempo prolongados porque pueden darse cambios en el uso del terreno donde se asientan que provoquen variaciones en las temperaturas recogidas. Y conseguir datos de temperatura de los mares o de los polos es mucho más difícil aún. Los datos más fiables, obtenidos de globos aerostáticos o satélites, están disponibles desde hace pocas décadas. Así que distintos grupos de investigación, principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, publican distintos registros de temperatura, como GISS, BEST o HadSST.

Durante estos últimos años, merced al aumento del interés y de la financiación para el estudio del clima, se ha puesto en marcha un programa para reducir los problemas en los datos de temperatura del mar. Este proyecto, llamado Argo, ha desplegado unas 4.000 balizas capaces de medir la temperatura y salinidad del océano hasta una profundidad de 2 kilómetros. Los datos que han ofrecido no dejan lugar a la duda: la temperatura de los mares no sólo no ha subido sino que se ha reducido muy levemente. El problema es que el proyecto comenzó en 1999 y no tiene suficientes datos históricos, de modo que los registros aún usan datos provenientes de boyas y barcos.

El trabajo de Thomas Karl se centra sobre todo en las temperaturas de los océanos. Pues bien, este nuevo estudio publicado por Science corrige los datos ofrecidos por las boyas mediante los más anticuados y menos fiables obtenidos desde barcos, unas tomas de temperatura que, no obstante, vienen recogiéndose desde el siglo XIX, de ahí su utilidad. Los barcos han recogido estos datos con distintos métodos, desde tirar un cubo de madera al mar, recogiéndolo y metiendo un termómetro a medir la temperatura del agua que los barcos modernos dejan entrar para enfriar sus máquinas. Lo que ha hecho la NOAA ha sido corregir los datos de mayor calidad, las boyas, usando los de menor calidad, los barcos.

El resultado ha sido poco sorprendente: ahora las temperaturas de los años 90 son más bajas que antes y las del siglo XXI más altas, de modo que “no hay una disminución perceptible en la tasa de calentamiento”. Pese a que parece un método diseñado para obtener un resultado deseado previamente, es verdad que este nuevo tratamiento de los datos de las temperaturas podría estar más cerca de la realidad. Pero el registro revisado de temperaturas está más alejado de los datos de satélite y de las balizas Argo que antes de los cambios introducidos por el equipo de Thomas Karl, por lo que parece improbable. En cualquier caso, y aunque se diera por bueno este estudio, esta nueva serie de datos sigue estando muy por debajo de las predicciones del IPCC.