¿Por qué educamos a los jóvenes para empleos que dejarán de existir?

En la biblioteca Manuel Alvar de Madrid hay un escáner que lee el código de barras del libro que uno desea sacar en préstamo, y otro lector para registrar la devolución. No hace falta pasar por ningún ser humano.

Eso supondrá eliminar varios puestos de trabajo en las bibliotecas, y aumentar puestos de trabajo en la fábricas de escáneres.

Pero la relación no va a ser uno por uno. Será peor: por cada puesto de trabajo relacionado con aplicaciones tecnológicas o digitales, se destruirán diez o veinte en otros sectores menos especializados.

Este cambio no es un proceso lento sino está siendo brutalmente rápido. Eso es lo malo. La implantación de las nuevas tecnologías es tan veloz, que no sabemos cuáles serán los puestos de trabajo que demandará la sociedad dentro de cinco años.

Pero por lo menos podemos saber por dónde van los tiros. Quienes han visto a tiempo el impacto de la tecnología en el mundo laboral y se han preparado para ello, han afrontado mucho mejor la crisis.

Una prueba: un informe del CSIC publicado por El País se centró en estudiar ciudades de más de 20.000 habitantes. Y de las diez que mejor han resistido la crisis, ocho son ciudades vascas. ¿Cómo se explica?

Porque esas ciudades “mantuvieron una industria renovada y cierta capacidad exportadora, base para localizar servicios empresariales avanzados que favorecen la innovación y generan empleo de mayor calidad”, según el informe.

Es decir, aplicaron las nuevas tecnologías.

Las que no resistieron la crisis eran ciudades que apostaron por un modelo de empleo de poco valor añadido: construcción y servicios.

No sabemos los puestos de trabajo que se demandarán en cinco años. Pero sí podemos saber los que ‘no’ se demandarán. ¿Estamos educando a los jóvenes para eso?

Es lo que afirma un libro titulado The second age machine (La segunda era de las máquinas), de Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, dos profesores del MIT. Piensan que sí se puede compensar el impacto de las máquinas si somos capaces de tener un sistema educativo más enfocado a las nuevas tecnologías.

¿Lo tenemos?

Para realizar el trabajo de prestar libros en la biblioteca Manuel Alvar de Madrid hace falta tener graduado en ESO (auxiliar de biblioteca). Para fabricar lectores digitales se requiere diseño industrial e ingeniería industrial con conocimientos de las aplicaciones del láser.

Nuestro paro juvenil es el más alto de Europa después de Grecia. Más de un 50% de la población entre 16 y 25 años.

Está claro que nos hemos equivocado de modelo educativo.