Consiguen células productoras de insulina a partir de la piel de una persona diabética

  • Es la primera vez que se utiliza la clonación a partir de las células de un paciente adulto

  • No se trata de una cura para la diabetes, pero sí de un avance en medicina regenerativa

  • Otro grupo ha aplicado este procedimiento pero en varones sanos de 35 y 75 años

Células madre embrionarias derivadas de una persona con diabetes tipo...

Células madre embrionarias derivadas de una persona con diabetes tipo 1.BJARKI JOHANNESSON NYSCF

La clonación de la oveja Dolly supuso un antes y un después en el campo de la medicina regenerativa. Era la primera vez que se obtenía una copia idéntica de un mamífero grande y eso abría la esperanza a que la técnica pudiera funcionar en humanos y, al mismo tiempo, el temor de que la fabricación de clones de personas podía estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, no fue hasta 16 años después cuando se obtuvieron células madre embrionarias humanas con la clonación de células de un bebé de ocho meses. Pero ese trabajo no dejó claro si el escaso tiempo de vida del donante influyó en el éxito del procedimiento. Esa duda la han despejado dos equipos de investigadores al demostrar que esta técnica es exitosa incluso cuando se realiza con células humanas de adultos. Uno de ellos lo ha logrado con varones sanos de 75 y 35 años y el otro, cuyos datos publica ahora la revista Nature, con una mujer de 32 años con diabetes y con un bebé varón recién nacido. Este segundo grupo además ha conseguido obtener células productoras de insulina a partir de la piel de la paciente diabética.

Procedimiento para obtener células productoras de insulina

No es una técnica sencilla. Las dificultades de la clonación son muchas. Por un lado, se requiere de centenares de óvulos donados de mujeres jóvenes, a los que hay que quitarles su núcleo e insertarles el de células adultas de otra persona. Los óvulos se tienen que preparar previamente y tras la fusión de células también se necesita un medio de cultivo específico. Todo ello hay que hacerlo teniendo en cuenta los tiempos de división celular. Cada uno de estos pasos puede realizarse de múltiples formas según sabemos ahora.

En 2013, el grupo de Shoukhrat Mitalipov y Masahito Tachibana fue el primero que dio con la receta adecuada para conseguir la transferencia nuclear (conocida popularmente como clonación terapéutica) con células humanas. Ellos emplearon cafeína y estimulación hormonal entre otros muchos factores para tener éxito. Ahora el grupo encabezado por Dieter Egli y Mark Sauer, de la Fundación de Células Madre de Nueva York (EEUU), utiliza otra fórmula magistral más refinada para hacer lo mismo pero acercando más esta técnica a la práctica clínica pues han obtenido células productoras de insulina clonando fibroblastos (células de la piel) de una mujer de 32 años que llevaba 10 años con diabetes.

No es la primera vez que este equipo neoyorquino intenta esto. En 2011, logró generar células secretoras de insulina de pacientes con diabetes tipo 1. Sin embargo, en aquella ocasión, esas células no eran viables para su uso clínico pues tenían una carga extra de material genético. Casi tres años después, y con cambios en su metodología, han demostrado que se pueden conseguir células madre embrionarias idénticas a las de un paciente y después transformarlas bien en neuronas, células duodenales o bien en células productoras de insulina. No se trata de una cura para la diabetes, pues en esta enfermedad lo que está alterado es el sistema inmunológico del paciente que destruye las células secretoras de insulina y habría pues que solucionar ese problema inmunitario para conseguir un tratamiento exitoso. No obstante, es una prueba de concepto de que se va por buen camino.

“Desde el inicio, el propósito de este trabajo ha sido fabricar células madre específicas de una persona adulta con diabetes tipo 1 que pueden dar pie a las células perdidas por la enfermedad”, explica en un comunicado el doctor Egli. “Al reprogramar las células a un estado pluripotente y derivarlas en células beta, ahora estamos un paso más cerca de poder tratar a pacientes diabéticos con sus propias células productoras de insulina”.

Por su parte, el grupo de Robert Lanza, jefe científico en Advanced Cell Technology, publicó hace menos de dos semanas en la revista Cell Stem Cell un trabajo muy similar al de Egli pero en lugar de clonar las células de un paciente lo hicieron con dos voluntarios sanos. En su caso, este equipo modificó, de otra manera distinta a como lo ha hecho el grupo de Egli, la técnica de Mitalipov.

La clave del éxito para lograr la transferencia de núcleos y el posterior desarrollo de una línea celular, como explica a este periódico Young Chung, del equipo de Lanza y científico del Instituto de Investigación en Células Madre en el CHA Health System en Los Ángeles (EEUU), “es elegir adecuadamente los óvulos de donantes y ajustar el tiempo de incubación tras la fusión con el núcleo de la célula adulta”.

Lanza, uno de los investigadores más prestigiosos en este campo, señala a EL MUNDO que esas modificaciones facilitan la formación de embriones y evitan alteraciones en el ADN embrionario. Estos cambios han permitido “generar células madre específicas de pacientes que podrían utilizarse para tratar un amplio rango de enfermedades relacionadas con la edad”, afirma. El grupo de Mitalipov probó esta técnica a partir de células neonatales y fetales, pero “en nuestro estudio, demostramos que la clonación funcionó utilizando células de la piel de dos varones sanos, uno de 35 años y otro de 75, a pesar de los cambios epigenéticos asociados con la edad que podrían dificultar la reprogramación”.

En cuanto a si esta técnica desplazará a las iPS, el método creado por el japonés Shinya Yamanaka para reprogramar las células sin utilizar embriones, la respuesta todavía no se conoce. “De momento, lo que estos trabajos demuestran es que el viejo método de la clonación y del empleo de células madre embrionarias se está revitalizando. Aunque la reprogramación de Yamanaka es fantástica, su aplicación a nivel clínico es difícil [porque se ha demostrado que las iPS no son idénticas a las células madre embrionarias] ya que para su obtención se necesita una excesiva manipulación”, explica desde Stanford a este periódico Carlos Simón, donde es profesor autónomo de esta universidad californiana.

De la misma opinión se muestra Lanza: “todavía no sabemos qué funciona mejor, terapéuticamente hablando, si las células iPS o la clonación. Algunos expertos están diciendo ahora que la clonación puede ser la única forma de reprogramar verdaderamente las células”. Aunque su compañero Chung se moja un poco más: “creo que la calidad de las células madre obtenidas después de la transferencia nuclear parecen mucho mejor que la de las células iPS”.

Para Angel Raya, director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), la clonación “es una herramienta más dentro del arsenal de células para entender procesos biológicos y quizás, en un futuro, tratarlos. Además, servirá para comparar las iPS y conocer qué sistema reprograma mejor“. Este experto señala también que estos dos trabajos eran “algo que la comunidad científica estaba esperando para confirmar que el trabajo de Mitalipov se podía reproducir y que no era un fraude como el del coreano Woo Suk Hwang, que quedó como un estigma en este campo”.

Además de no saber cuál es la mejor herramienta celular, hay que tener en cuenta la dificultad de obtener suficientes óvulos para llevar a cabo la transferencia nuclear. Sin embargo, Lanza no lo considera un obstáculo importante. “En el futuro, no hará falta hacer cientos de millones de líneas celulares, específicas para cada paciente”, asegura. Y afirma que bastará con tener un banco de las líneas que sean representativas de los perfiles genéticos más comunes, de la misma manera que los órganos se trasplantan sin ser totalmente compatibles, así se podría hacer con estas células. “En Estados Unidos bastarían 100 líneas de células madre embrionarias para la mitad de la población. En Corea o en Japón, seguramente se consiga con menos de una docena de líneas”, explica Lanza.

Por último, hay que tener en cuenta que la técnica de la clonación no está exenta de cuestionamientos éticos. En un comentario que publica la revista Nature, Insoo Hyun, profesor de Bioética en la Case Western Reserve University de Cleveland, Ohio (EEUU), apunta que, a diferencia del Reino Unido o Australia, que cuentan con unas agencias de regulación que revisan, y autorizan o no, cada investigación en este campo, Estados Unidos no cuenta con un sistema similar debido a que durante muchos años estuvo prohibida la financiación estatal con células madre embrionarias. En este país, es cada organismo o centro investigador el que, mediante un comité, revisa y establece el protocolo necesario para aprobar cada experimento. Sin embargo, Hyun considera que “los mejores mecanismos de revisión se construyen cuando existen prácticas regulatorias“.

                                            ¿Diabetes o ceguera?

Lo logrado ahora por estos equipos más que una solución para una enfermedad se trata de una prueba de concepto de que la clonación terapéutica puede utilizarse en humanos. Decir ahora qué enfermedad será más apta para ser tratada con terapia celular es entrar en el campo de las hipótesis. El equipo de Egli está centrado en la diabetes por un motivo claro: el objetivo de Susan L. Solomon, co-fundadora y directora de la Fundación de Células Madre de Nueva York (EEUU). “Me involucré en esta investigación médica cuando mi hijo fue diagnosticado con diabetes tipo 1, y viendo los resultados de hoy me da esperanza de que un día tengamos una cura para esta enfermedad. Este laboratorio es uno de los pocos lugares del mundo que se dedica a la investigación de todos los tipos de células madre […] No tengo un tipo de célula favorito, y no sabemos cuál será el mejor para tratar enfermedades de pacientes”. Por su parte, Robert Lanza aventura que será la ceguera la primera enfermedad que se trate con este tipo de terapias. “Actualmente están en marcha los únicos ensayos clínicos en el mundo que utiliza terapia celular para trata la enfermedad de Stargardt y la degeneración macular, esta última la principal causa de ceguera en el mundo desarrollado que afecta a unos 200 millones de personas”, concluye.