AL AMPARO DE LA OSCURIDAD

Foto

Imagen de la Península Ibérica tomada desde la Estacion Espacial Internacional. | EFE

La pasada semana la Agencia Espacial Europea distribuyó esta foto, tomada desde la Estación Espacial Internacional.  Muestra cómo en casi la totalidad de la península ibérica (faltan gran parte de Cataluña y Aragón) la noche se convierte en día. En esta imagen de las dos Españas, la salvaje, la agreste es la que queda en sombras. La intensidad de las manchas de luz indica población, actividad y ruido. El contraste con las áreas oscuras, por tanto, sugiere baja población, serenidad y silencio.

Un silencio habitado por los merodeadores nocturnos.

Esto no es más que un rápido repaso a lo que suena en el campo por la noche, allí donde las luces no llegan. Aparentemente, la mancha más negra es la cordillera cantábrica, entre Asturias y Cantabria. En estas oscuridades, dentro de unas semanas, empezarán a escucharse las sutiles llamadas de los urogallos, el ronroneo silencioso de las becadas.

Al sur, un trazo oblicuo cruza Andalucía. Las luces señalan nítidamente el curso del Guadalquivir y las poblaciones ribereñas. Pero al norte, y casi hasta alcanzar el deslumbramiento de Madrid, la oscuridad esconde las laderas agrestes de las sierras interiores: Sierra Morena, donde tautean los zorros; los Montes de Toledo, tierras de cárabos; y hacia el oeste, una cuña que tropieza con la frontera portuguesa, las sierras extremeñas por las que andan encelados los búhos reales.

A la derecha de la fotografía, hacia el noreste, la sombra oculta los profundos hayedos del prepirineo navarro, bosques de corzos y mochuelos boreales. Y en torno a Zaragoza no se ven las estepas desérticas de Aragón, los campos en los que silban los alcaravanes.

En la noche que no es noche hay otras manchas negras, grandes y pequeñas. Pero hacia el noroeste, toda la meseta castellana es un claroscuro; un mosaico de luces y sombras por las que corre, se expone y busca cobijo el gran merodeador de la noche, el lobo ibérico.