Las cucarachas teledirigidas desatan la polémica

Greg Gage y Tim Marzullo, ingenieros de la Universidad de Michigan, llevan años mandando cucarachas por correo. Ahora envían una docena por unos 18 euros y, por otros 74, un kit para operarlas y transformarlas en mitad insecto, mitad robot. Su objetivo es enseñar a los niños a controlar la mente de los insectos.

Gage y Marzullo fundaron la compañía Backyard Brains por su experiencia con jóvenes interesados en la neurociencia. Como estudiantes universitarios, querían enseñarles a los niños cómo «sonaba» la actividad cerebral, pero los equipos eran demasiado caros para las demostraciones. Para sus clases, inventaron un microcircuito para oír y ver la actividad neuronal en invertebrados, habitualmente grillos y cucarachas, sus preferidas por su vida cerebral más intensa. Dicen que no querían que los niños interesados en ciencia tuvieran que esperar a hacer un doctorado.

En los últimos tres años han trabajado en el producto que ahora empiezan a vender: el Roboroach, presentado como el primer cyborg al alcance de cualquiera para «aprender microestimulación neuronal y electrónica». Dicen haber vendido unos 300.

Cables y antenas

El ‘Roboroach’. | Backyard Brains

El paquete consiste en un microcircuito con tres electrodos capaz de controlar los movimientos de las cucarachas desde una aplicación de móvil. El mecanismo está diseñado como una mochila que se incorpora al insecto después de una operación que tiene que realizar el usuario para introducir cables en las antenas, la parte que transmite información cuando la cucaracha toca una pared o encuentra un agujero. La frecuencia de los estímulos es parecida a la empleada para tratar a enfermos de Parkinson.

Durante unos minutos, la aplicación permite dirigir a la cucaracha hasta que el bicho se adapta y deja de responder. Después de unos 20 minutos de descanso, el insecto olvida cómo superar las órdenes externas y se vuelve a empezar. La cucaracha aprende a no obedecer en una semana. Una vez terminada la misión, se recomienda colocarla en la jaula y «dejarla que pase el resto de sus días (que pueden ser hasta dos años) haciendo más cucarachas para ti y comiendo lechuga».

Acusaciones de “crueldad”

La mayor asociación protectora de animales de Estados Unidos (PETA, en sus siglas en inglés) ya ha denunciado en Michigan a la empresa por violar las reglas contra la crueldad animal y animar a la práctica de la veterinaria sin licencia. «Las cucarachas son seres vivos capaces de sufrir, no objetos inanimados para que jueguen los niños», dice el abogado de PETA, Jeffrey Kerr.

Los ingenieros aseguran que las cucarachas no sufren, ya que explican cómo anestesiarlas introduciéndolas antes de la operación en agua helada, y animan a que las intervenciones se hagan siempre con supervisión de padres o profesores. En su web también aseguran que envían lo más deprisa posible las cucarachas para que no lo pasen mal. «Las cucarachas son más felices cuando no están dentro de un paquete durante mucho tiempo.

Así que mandamos cucarachas los lunes o martes por correo urgente», dicen en su presentación en Kickstarter, la web para conseguir inversores y donde recaudaron más de 9.000 euros en un mes este verano.

La empresa asegura que Roboroach no es un juguete cruel, sino una manera de educar a los jóvenes interesados en la neurociencia. Su nombre más preciso, dicen, sería «estudio sobre el efecto de la duración de frecuencia y pulsaciones para activar circuitos sensores en el sistema de locomoción de la cucaracha y su consiguiente adaptación». Pero, según los ingenieros, esa descripción habría asustado a los novatos: «Queremos llevar la neurociencia a gente que no está en la Universidad y de ahí que escogiéramos un nombre inteligible y provocador».