Emisiones de importación

El Protocolo de Kioto no ha servido para lo que se propuso: reducir las emisiones de CO2. El Protocolo fue un invento ecolo-económico que lo único que ha servido es para que hayan ganado dinero los especuladores de las intangibles cuotas de emisión. También para que hayan sacado provecho, y no poco, unas cuantas instituciones políticas, científicas y académicas que, a cambio de subvenciones de investigación o de “concienciación”, han ofrecido a ese oscuro comercio la coartada de los horrores del “cambio climático” provocado por el CO2.
El Protocolo de Kioto estableció que 41 países firmantes (los del llamado Anexo 1), llegado el 2008, deberían haber controlado o reducido las emisiones de CO2 en un determinado porcentaje con respecto a las emisiones de cada cual durante el año de referencia que se estableció: 1990. El Reino Unido, por ejemplo, firmó que reduciría un 8 % sus emisiones anuales de CO2 entre el 2008 y el 2012 con respecto a las que había emitido en 1990.

Muchos de estos países del Anexo 1 cumplieron, o casi cumplieron, los objetivos de reducción de sus emisiones de CO2. Ahora bien, el tratado no consideró oportuno achacar las emisiones de CO2 de los bienes importados al país que los importa o los consume. Por ejemplo, la producción nacional de acero en el territorio del Reino Unido se deslocalizó en parte hacia el extranjero y decreció considerablemente entre 1990 y el 2008, pero sus importaciones aumentaron. Si el CO2 emitido en la fabricación de ese nuevo acero de importación se hubiese atribuido al Reino Unido, que es el que lo consumió, su cuenta de emisiones en el 2008 habría aumentado considerablemente. Si se le hubiese atribuido al Reino Unido todas las emisiones que fueron requeridas en la fabricación de los productos que importó y consumió en el 2008, además de las emisiones propias, su “huella de carbono” superaría en casi 100 megatoneladas de CO2 la que tenía en 1990. En cambio, como en el Protocolo de Kioto sólo se atribuyen a cada país las emisiones nacionales de cada cual, los británicos se vanaglorian de haberlas reducido. Una hipocresía más, y otro sinsentido más, del dichoso tratado.
ref. How trade affects carbon footprints, Science, 5 May 2011