¿Quién teme al CO2 ?


Durante la primera década de este siglo XXI, la disminución de los incendios, las plantaciones de nuevos árboles, el buen clima y la absorción y fijación de más CO2 han permitido que en España la superficie forestal haya aumentado espectacularmente. En el conjunto de Europa ha ocurrido lo mismo.

Según la FAO, durante estos diez años la superficie de los bosques españoles aumentó en más de cien mil hectáreas anuales, cien mil campos de fútbol. La voz dominante desde hace décadas es la contraria, la del discurso negativo: demasiados incendios por culpa del calor que trae el cambio climático, desecación de los suelos por la falta de humedad y aumento de la contaminación atmosférica. Todo ello por culpa de las emisiones de CO2, derivadas del uso de combustibles fósiles, de gas, de petróleo, de carbón. En realidad, la prevención física y la acción policial y judicial ha logrado que los incendios de los bosques, casi todos provocados por pirómanos, hayan disminuído. El buen clima ha hecho que las lluvias hayan sido suficientes para mantener los bosques sanos y el incremento del CO2 no ha supuesto un aumento de la contaminación del aire sino que, por el contrario, ha dado una oportunidad a la vegetación para que la fotosíntesis haya funcionado con mayor eficacia e intensidad.
Según el Centro de Investigación Forestal del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) los árboles de España fijan cada año 87 millones de toneladas de CO2. Eso supone que se quedan con el 23,4% del total de emisiones anuales que se producen en España. Ese carbono que absorben y no devuelven en la respiración, engrosa la masa forestal y la vida orgánica vegetal. Quién teme al CO2 ? Los bosques españoles, desde luego, no.
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