Perjudicar al carbón

Producción eléctrica en Alemania y en España de 1972 al 2008 en GWh al año
(misma escala en las dos figuras)(fuente IEA)

El invento del Protocolo de Kioto justificó que Europa, pobre en carbón con respecto a Norteamérica y Asia, perjudicara a este combustible de forma indirecta, achacando al CO2 emitido en su combustión (800 gramos por kWh producido) todos los males del mundo. Como una bola de nieve, sumando intereses, se extendió el paradigma de que el CO2 es malo, de que es tóxico, de que provoca un horroroso cambio climático y de que el carbón pertenece, por lo tanto, a un sucio pasado.

Todavía en el cercano 2007, el carbón fue la principal fuente de electricidad en España. También lo había sido en los años anteriores. Estaba en vigor la primera fase del Protocolo de Kioto y aquel año las empresas tenían que pagar tan sólo unos céntimos de euro por cada tonelada de CO2 que se emitía en las centrales térmicas. Las empresas apenas obtenían nada si vendían las cuotas que les habían sido asignadas gratis. Les convenía más usarlas. Quemar carbón les salía más barato.
Pero en Enero del 2008 entró en vigencia la segunda fase del Protocolo. Desde ese día en Europa había que pagar por las emisiones de CO2 unos 20 euros por tonelada. Salía más rentable, si se tenían, vender cuotas que usarlas. Así que desde comienzos del 2008 las compañías eléctricas comenzaron a prescindir del carbón. Se redujeron las importaciones y aún más se redujo el uso del carbón nacional. De esta forma, en pocos años, de ser la primera fuente eléctrica de España, el carbón pasó a ser la quinta en importancia.
Otros gobiernos europeos ajustaron mejor la redacción y la aplicación del tratado a sus propios intereses. En Alemania, el carbón, apoyado hoy especialmente por los socialdemócratas, sigue produciendo el 40 % de la electricidad germana. En Polonia, el país europeo que mejor ha sorteado la crisis, un 90 %.
En Enero del 2013 deberá comenzar la tercera fase del tratado, en la que las cuotas de emisión, en vez de ser asignadas a dedo por los gobiernos, serán subastadas. Se suponía que habría una subasta común para todas las cuotas europeas, pero Alemania y Polonia han decidido desmarcarse y conservar el manejo nacional de las suyas. No así España.