Climas

La palabra “clima” viene del griego clásico κλίμα que a su vez viene de κλίνειν (inclinar) y hace referencia a la pendiente del Sol sobre el horizonte en cada latitud. Aristóteles, en su obra “Meteorológica”, se fijó en la importancia que tiene la inclinación del Sol en hacer que una zona (frígida, templada o tórrida) sea o no habitable. Para Aristóteles sólo la zona templada lo era.

Es cierto que la inclinación del Sol sobre el horizonte es fundamental en el carácter de cada clima, pero otros factores también lo son, como la proximidad o la lejanía del mar, la altitud y, también, las direcciones de los vientos y masas de aire que afectan a cada territorio.

Con horror, los que llevamos metidos décadas estudiando los climas de la Tierra, sus diferencias, su evolución, asistimos a la incursión de una marabunta de oportunistas legisladores y economistas, en donde remplazan las particularidades climáticas de cada región de la Tierra por un abstracto e incongruente concepto de clima global, del que apenas lo único que tienen en cuenta es la concentración de CO2.

Y es que esta gente fatua no emplea ni dos tardes (qué digo dos, ni una !) para comprender algo del fundamento de lo que hablan: los climas.